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¿Sabes el vacío que te deja un buen libro?

Hemos creído -nos enseñan- que las expectativas son aquello que tiene mayor probabilidad de ocurrir. Nos enseñan eso y se olvidan de hablarnos de la decepción, de conceptualizarla, y aunque ignoremos el término, lo conocemos bien porque lo hemos sentido.

Nos enseñan también a esperar, esperar que llegue el tren que nos llevará a casa, que pase la lluvia o que llueva, esperar que pase cualquier cosa, cualquier momento, cualquier persona. Esperar la noche, la oscuridad absoluta. Ese instante que no se olvida. Tan vacío devuelto por las sombras. Tan vacío rechazado por los relojes. La vida que nos toca es una espera. Una espera eterna de la nada.

La espera es el deseo, pero el sentimiento precede a éste, como una interacción causa-efecto. El tiempo fue, y vaya qué tiempo. La satisfacción es la muerte del deseo. El intermedio es el placer. La lucidez es dolor y el único placer que uno puede conocer, lo único que se parecerá remotamente a la alegría, será el placer de ser consciente de la propia lucidez.

Estar bien es ser al modo de una estatua. Pálida, dorada, enmohecida. Sufrir es ver un color blanco corriendo hacia una catarata ardiente.

Es el desastre/ Es la hora del vacío no vacío. Ahora es nunca o jamás/ o simplemente fue/ con el tiempo, o sin él. Es el instante de poner cerrojo a los labios/ oír a los condenados gritar/ contemplar a cada uno de mis nombres/ ahorcados en la nada. Todos los momentos que viví en ciudades anteriores, en ciudades que ya me despertenecen, a las que despertenezco. He consumado mi vida en un instante/ La última inocencia estalló.

Frente a ese último atardecer te levantas, te vas. "Ya vengo"—dices/sonríes. Te espero. Estoy a tus pies, donde se mueren las golondrinas, en la página final del libro. Las relecturas no existen, me dijeron... el final no será el mismo. No sabremos lo que pasa. Pero "Nada vuelve a ser igual dos veces". El miedo es un incendio que se propaga rápidamente. Tengo el mismo miedo que tú y a veces creo que juntos podremos apagarlo. Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo/ porque aún no les enseñaron/ que ya es demasiado tarde.

¿Sabes ese vacío que te queda al final de un buen libro? ¿Lo sabes?

Bueno...

(Diciembre, 2012)
Lorien Sequera


Todos las horas de mis días inician como una detonación,
una especie de estallido en una frecuencia que solo yo escucho.

La onda no sigue el curso del reloj:
siempre le ha dado por marcar su propio tiempo.

Cada vez que estalla todo se vuelve blanco.

          Todos afuera son silencio
          y dentro yo soy todo ruido.

Las esquirlas son todo lo que recuerdo
y siempre lo recuerdo todo.
Se expanden en todas las direcciones que habito
brillan tanto que su luz me impide verlos.

La materia que los compone vibra
los reconozco por su resonancia

Cada uno en una frecuencia única que solo yo logro escuchar:

          Que les haga caso, me han dicho,
          que aprendamos a convivir, que es un salto muy grande
          que no lo soporto, que ya basta, que lo deje, que para qué insistir


Muchos segunderos estallando en mis 24/7


Estaremos bien, me dice ella
es la única frecuencia que por ahora me interesa.