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Hace ya bastante que leí sobre la investigación de Nishimoto et al (20011) (2011) publicada en Current Biology sobre reconstrucción de experiencias visuales a partir de la actividad cerebral usando imagen por resonancia magnética funcional (fRMI).

Reconstrucción de video a partir de actividad cerebral

En términos más simples: lograron recrear un videos digitales a partir de los recuerdos de los sujetos. Lo genial de esto es que la resonancia tiene que ver más con flujo sanguíneo y gasto de oxígeno que con registro directo actividad eléctrica neuronal. Sin embargo, los investigadores lograron (llamémoslo así) "decodificar el recuerdo" -que para entonces era solamente de videos que los sujetos ya habían visto- de una manera tan elegante que me pareció lo mejor que había leído y visto en la vida.

La tecnología -según Jack Gallant, uno de los co-autores, podría servir para que personas incapaces de comunicarse verbalmente, personas con afasias, en coma, o pacientes con enfermedades neurodegenerativas, lograrar una comunicación. Pero el alcance podría ir mucho más allá.

Entonces salió Rememory (Mark Palansky, 2017) e inmediatamente pensé en lo que dije anterior, porque la premisa es esa: el aparato que graba recuerdos y los reproduce en alta definición existe y el nivel de sofisticación es impresionante, aunque cuestionable. Empezando porque el dispositivo parecen más un par de audífonos (Sí, sí, teconología futurista), y porque recrean recuerdos que además el sujeto de pruebas (porque es un prototipo) ya había perdido.


Más allá de la trama me interesaron los asuntos cientíico-técnicos y sus implicaciones fisiológicas, éticas, sociales. Hasta qué punto esta tecnología es utilizable en terapia, o en investiación, o en vigilancia, o afecte la privacidad del sujeto-paciente-individuo. Es discutible, quiero hacer un cine-foro.
Lorien Sequera [+]


Todos las horas de mis días inician como una detonación,
una especie de estallido en una frecuencia que solo yo escucho.

La onda no sigue el curso del reloj:
siempre le ha dado por marcar su propio tiempo.

Cada vez que estalla todo se vuelve blanco.

          Todos afuera son silencio
          y dentro yo soy todo ruido.

Las esquirlas son todo lo que recuerdo
y siempre lo recuerdo todo.
Se expanden en todas las direcciones que habito
brillan tanto que su luz me impide verlos.

La materia que los compone vibra
los reconozco por su resonancia

Cada uno en una frecuencia única que solo yo logro escuchar:

          Que les haga caso, me han dicho,
          que aprendamos a convivir, que es un salto muy grande
          que no lo soporto, que ya basta, que lo deje, que para qué insistir


Muchos segunderos estallando en mis 24/7


Estaremos bien, me dice ella
es la única frecuencia que por ahora me interesa.